Una forma de mirar: Alfonso Flores
¿Desde dónde fotografías?
Fotografío desde la intuición.
Pienso mucho en una idea de Ansel Adams: uno fotografía también con los libros que ha leído, los discos que ha escuchado, las películas que ha visto, sus alegrías y sus tristezas.
Todo lo vivido termina apareciendo de alguna manera en una imagen.
Para mí, la fotografía es una opinión. Es un punto de vista, una manera de situarse frente al mundo y de relacionarse con él.
¿Qué parte de tu historia personal aparece en tus imágenes?
Vengo de una familia de fotógrafos.
Soy la tercera generación, así que la fotografía estuvo presente en mi vida antes de que yo pudiera entenderla como una profesión o como una decisión personal.
Crecí comprendiendo, quizá sin saberlo, que las fotografías permanecen cuando muchas otras cosas desaparecen. Con el tiempo, una imagen deja de ser solamente un registro y se convierte en parte de la historia de una familia.
También he sido siempre una persona muy nostálgica. En mis fotografías existe una mezcla entre alegría y tristeza: lo bello de sentirse vivo, la felicidad de estar aquí y, al mismo tiempo, la tristeza de saber que todo pasa.
Pero creo que precisamente ahí radica la belleza de la impermanencia.
¿Qué te interesa observar cuando nadie está actuando para la cámara?
Lo onírico, las sombras, las formas, los gestos y los momentos de silencio que aparecen en medio del caos.
También me interesa estar presente sin ocuparlo todo. Escuchar antes de intervenir y desaparecer un poco para permitir que las personas puedan mostrarse como son.
A veces la fotografía no necesita que uno haga más, sino que sepa esperar y reconocer lo que ya está ocurriendo.
¿Qué significa para ti una buena documentación de una boda?
Es una pregunta que me he hecho a lo largo de los años.
¿Tener todos los momentos esperados hace que una cobertura sea buena? Como registro, quizá sí. Pero creo que una buena documentación no puede reducirse a completar una lista de acontecimientos.
Estamos ahí para ofrecer un punto de vista. Para construir una interpretación de cómo se vivió ese día, no solamente de lo que ocurrió.
Ese punto de vista inevitablemente cambiará con los años. Lo importante es permanecer abiertos a expandir nuestro lenguaje visual, no para hacerlo innecesariamente complejo, sino para volverlo más rico, único y personal.
También creo que una buena documentación debe permitir la entrada de lo inesperado. No todo lo importante ocurre de una manera limpia o perfecta. A veces una imagen encuentra su verdad en el error, en una interrupción o en algo que no habíamos previsto.
La fotografía puede ser un lenguaje tan simple o tan complejo como nos permitamos comprenderlo.
¿Qué imagen tuya sientes que deja de ser “boda” y empieza a ser documento?
Los retratos.
Me parece una manera muy bella de dejar una huella y de honrar a las personas. Dentro de diez o quince años serán diferentes; algunas quizá ya no estarán aquí.
El retrato conserva una presencia en un momento específico. Nos permite mirar a una persona como fue, pero también recordar cómo nos hacía sentir estar cerca de ella.
Es una forma de permanencia.
¿Qué hay en esa imagen que habla de algo más amplio que el evento?
Creo que esas imágenes son difíciles de obtener. Son fotografías que poseen una especie de aura y que parecen existir más allá de las circunstancias en las que fueron hechas.
Sergio Larraín hablaba de encontrarse en un estado de gracia. Para mí, ese estado sucede cuando la intuición, la atención y lo inesperado coinciden por un instante.
No sé si pueda definirlo a través de una sola imagen, pero sí creo que dentro de una boda podemos construir diez o quince fotografías verdaderamente nuestras: una pequeña narrativa personal que trascienda el evento.
Con el tiempo, esas imágenes también pueden dejar de pertenecer únicamente a una pareja. Empiezan a hablar de una época, de una familia, de una sociedad y de una determinada manera de vivir.
¿Qué no estás dispuesto a sacrificar en tu manera de mirar?
No estoy dispuesto a sacrificar mi curiosidad ni mi relación personal con la fotografía.
La fotografía de bodas tiende constantemente a cerrarse sobre sí misma. Surge una tendencia, se estandariza y poco a poco pierde la chispa, hasta que alguien llega, sacude el lenguaje, lo replantea y, con el tiempo, vuelve a convertirse en una fórmula.
Para mí, la fotografía es una forma de vivir, de comprender el mundo y de interactuar con él.
Mi fotografía cambia porque yo cambio. Quiero que se transforme a partir de mis experiencias, mis preguntas y mi manera de estar en el mundo, no como respuesta a una tendencia.
Tampoco quisiera sacrificar la relación con las personas por conseguir una fotografía. Ninguna imagen es más importante que la dignidad o la intimidad de quien está frente a la cámara.
¿Qué debería quedar de una boda en las fotografías, más allá de la fiesta?
Una variedad de emociones: silencios, pausas, movimiento, alegría y nostalgia.
La vida es compleja y está llena de matices. Una boda no la viven únicamente los novios, sino todas las personas que forman parte de ella.
No se experimenta de la misma manera desde el lugar de los padres, los hermanos, los mejores amigos o los invitados. Cada uno atraviesa el día desde su propia historia, sus afectos y sus pérdidas.
Me interesa que las fotografías conserven esas diferentes maneras de vivir un mismo momento.
¿Qué te interesa conservar para el futuro?
Cómo se veía vivir.
Cómo se sentía estar aquí, en este momento.
Me interesa que las fotografías puedan convertirse en un archivo: no solamente de una pareja, sino de una familia, de una época y de una forma de relacionarnos.
Que dentro de muchos años alguien pueda mirar esas imágenes y reconocer no solo lo que ocurrió, sino algo de la vida que existía alrededor.
¿Qué significa para ti formar parte de NTR?
Formar parte de NTR significa dejar de pensar la fotografía de bodas como una práctica aislada.
Es la posibilidad de compartir con colegas que encuentran en las bodas algo más que una industria o un género: un espacio desde el cual pensar, cuestionar y hacer fotografía.
También significa reconocer que desde Latinoamérica podemos construir una conversación propia, atravesada por nuestras historias, nuestros vínculos, nuestros rituales, nuestras contradicciones y nuestra manera de vivir lo colectivo.
No necesitamos mirar siempre hacia otros lugares para validar lo que hacemos.
Para mí, pertenecer a NTR también implica una responsabilidad: compartir, cuestionar nuestras propias fórmulas y ayudar a que la fotografía de bodas pueda crecer sin perder su identidad.