¿Desde dónde miramos? Cuando todas las bodas empiezan a parecerse.
Alfonso Flores
Los centros de la imagen
Una parte importante de la industria internacional de las bodas se construye alrededor de Europa y Estados Unidos.
Muchas de las publicaciones con mayor alcance, las marcas de moda nupcial, los eventos, los premios y las plataformas capaces de otorgar visibilidad internacional operan desde esos territorios.
Es natural que sus imágenes respondan a su propio contexto.
A su arquitectura.
A sus ideas de elegancia.
A sus cuerpos.
A sus referencias culturales.
A su manera de comprender el lujo, el amor y la celebración.
El problema no está en que esas imágenes existan.
El problema aparece cuando, debido a su capacidad de circulación, terminan convirtiéndose en la medida con la que se evalúan todas las demás.
Entonces una sensibilidad producida dentro de un contexto específico comienza a presentarse como un lenguaje universal.
Una boda contemporánea debe verse de cierta manera.
La luz debe tener un determinado color.
Los cuerpos deben ocupar el espacio de una forma concreta.
Los objetos deben fotografiarse desde los mismos ángulos.
Incluso la espontaneidad comienza a responder a una serie de códigos reconocibles.
La influencia deja de ser únicamente estética. Se convierte en una forma de legitimación.
Nos muestra qué tipo de fotografía tiene más posibilidades de ser publicada, celebrada o contratada.
JB Manzo
Cumplir en lugar de observar
La fotografía de bodas posee una narrativa reconocible.
Preparativos.
Ceremonia.
Cóctel.
Retratos.
Cena.
Baile.
Es una estructura real, no fue inventada por los fotógrafos y tampoco necesitamos negarla. Nuestra presencia responde a una responsabilidad concreta: documentar una celebración y construir una memoria para quienes nos contrataron.
Pero una estructura puede convertirse en una lista.
Cuando eso sucede, dejamos de preguntarnos qué está ocurriendo y comenzamos a cumplir con aquello que suponemos que debe fotografiarse.
El vestido.
Las flores.
La mesa.
La arquitectura.
El primer beso.
El brindis.
La pista de baile.
Son imágenes importantes, algunas serán fundamentales para la pareja. El problema no está en realizarlas, sino en permitir que ocupen por completo nuestra atención.
En ese momento, lo que se encuentra fuera de la narrativa prevista comienza a desaparecer.
Una mirada que no coincide con la alegría general.
Un silencio entre dos personas.
Una ausencia.
Una tensión familiar.
Una habitación desordenada.
Una persona que permanece al margen de la celebración.
La boda se reduce a su superficie visible.
Se convierte en producción, montaje y forma.
Y nosotros comenzamos a fotografiar no solamente para la pareja, sino para una red mucho más amplia de expectativas.
Fotografiamos para los planners.
Para las publicaciones.
Para Instagram.
Para otros fotógrafos.
Para construir prestigio.
Para demostrar que pertenecemos.
Victor Hugo Morales
Lo que la estética deja fuera
Una estética no solo determina la apariencia de las imágenes. También decide qué partes de la realidad pueden entrar en ellas.
La fotografía de bodas suele construirse alrededor de una idea de felicidad continua.
Todo debe sentirse bello, fluido y aspiracional.
Pero una boda nunca contiene una sola emoción.
Dentro de una celebración también existen la nostalgia, el miedo, la tensión, el cansancio, la incomodidad y la tristeza. No necesariamente como una negación del amor, sino como parte de la complejidad de cualquier encuentro humano.
Cuando eliminamos sistemáticamente esas experiencias, no solo embellecemos la realidad. También producimos una versión incompleta de ella.
Algo semejante ocurre con los errores visuales.
El desenfoque.
Una composición incómoda.
Un cuerpo que interrumpe el cuadro.
Una luz que no favorece el espacio.
Aquello que no entra dentro de una imagen limpia y fácilmente publicable puede contener, sin embargo, algo verdadero.
No toda imperfección merece permanecer. Tampoco toda imagen incómoda es automáticamente profunda.
Pero si únicamente aceptamos aquello que coincide con el lenguaje dominante, terminaremos produciendo un archivo sin fricción.
Una secuencia de imágenes correctas que no dice demasiado sobre las personas que estuvieron ahí.
Texto por Alfonso Flores.
Influencia, aprobación y homogeneización en la fotografía de bodas
Cada cierto tiempo aparece una nueva tendencia dentro de la fotografía de bodas.
Cambian los colores, los lentes, la manera de utilizar el flash, de encuadrar un cuerpo o de representar el movimiento.
Durante un tiempo, esa forma de fotografiar parece fresca. Nos sorprende porque rompe con lo que estábamos acostumbrados a ver. Después comienza a circular, se publica, se comparte, se premia y se incorpora al lenguaje de la industria.
Poco a poco, lo que surgió como una respuesta personal se transforma en una fórmula.
Y un día todas las bodas empiezan a parecerse.
No creo que la repetición sea necesariamente un error. Toda cultura visual se construye a partir de influencias. Aprendemos observando imágenes anteriores, reconociendo decisiones y acercándonos a lenguajes que otros desarrollaron antes que nosotros.
Vivimos, además, dentro de una cultura global.
Compartimos referencias, cámaras, películas, presets y formas de presentar nuestro trabajo.
Sería imposible —y probablemente poco deseable— trabajar completamente aislados de esa conversación.
El problema no es mirar hacia afuera.
El problema comienza cuando dejamos de preguntarnos desde dónde estamos mirando.
Nostos studio
Habitar una cultura global y un territorio propio
Todos participamos de una cultura compartida.
Escuchamos músicas semejantes, consumimos las mismas marcas y observamos imágenes producidas a miles de kilómetros de distancia. Las parejas también forman parte de ese flujo. Llegan a una boda después de haber visto cientos de referencias en blogs, redes sociales y plataformas digitales.
Los fotógrafos no somos los únicos que repetimos imágenes.
Las bodas mismas comienzan a diseñarse pensando en las imágenes que podrán producir.
Los espacios, las flores, las mesas y los horarios se organizan dentro de una expectativa visual. La fotografía registra esa tendencia, pero también contribuye a construirla. Aquello que mostramos se convierte en una referencia para la siguiente celebración.
Es un sistema que se alimenta a sí mismo.
Sin embargo, habitar una cultura global no significa dejar de pertenecer a un lugar.
También ocupamos un territorio concreto.
Un país, una ciudad, una familia, una posición social y una historia.
Cada lugar tiene una luz particular, pero también una forma de relacionarse. Tiene una música, una arquitectura, estructuras familiares, gestos de afecto, contradicciones y silencios.
¿Qué sucede cuando una boda en México, Péru, Marruecos o cualquier otro territorio es fotografiada bajo la misma fórmula visual?
No significa necesariamente que toda identidad desaparezca. Pero sí puede producirse una reducción.
El lugar se convierte en un fondo.
La cultura, en decoración.
Las personas, en elementos de una producción visual.
La boda conserva sus símbolos más evidentes, pero pierde aquello que la hace humana y específica.
Tanya Chavez
La aprobación como lenguaje
Todos queremos continuar creciendo.
Queremos que nuestro trabajo circule, que sea reconocido y que nos permita acceder a nuevos proyectos. Tampoco podemos ignorar que la fotografía de bodas es un servicio y una forma de vida.
Pagamos nuestras cuentas con este trabajo.
Construimos una marca.
Necesitamos ser contratados.
Sería ingenuo pretender que fotografiamos completamente fuera del mercado o de las expectativas de quienes confían en nosotros.
La dificultad aparece cuando la búsqueda de aprobación comienza a decidir por nosotros.
Una influencia puede abrir nuestro lenguaje, puede enseñarnos una nueva manera de relacionarnos con la luz, el movimiento o el espacio.
Pero cuando no existe un proceso de análisis, la referencia puede sustituir el punto de vista.
Entonces repetimos una imagen porque sabemos que funciona.
Porque se parece a lo que admiramos.
Porque pertenece al lenguaje del círculo al que queremos entrar.
La tendencia toma el control antes de que podamos preguntarnos si esa decisión tiene algo que ver con la boda que estamos fotografiando.
Mismos colores.
Mismos lentes.
Mismos encuadres.
Mismos momentos.
Incluso las diferencias comienzan a parecerse.
Fer Juaristi
Fotografiar una boda distinta
La salida no consiste en rechazar toda influencia proveniente de Europa o Estados Unidos.
Tampoco en intentar fabricar una supuesta autenticidad local mediante símbolos, colores o tradiciones convertidas en espectáculo.
Eso solo reemplazaría una fórmula por otra.
Fotografiar desde un territorio no significa representarlo de la manera más evidente.
México no aparece únicamente mediante una iglesia, una calle, una máscara o un color intenso. Puede aparecer en la manera en que una familia ocupa una mesa, en el humor, en la proximidad de los cuerpos, en las diferencias sociales presentes dentro de un mismo espacio.
El territorio no tiene que ser anunciado.
Puede revelarse en la estructura de las relaciones.
Tal vez el primer gesto para salir de la homogeneización sea volver a mirar la boda como algo más que una producción visual.
No es únicamente una colección de detalles.
Es un acontecimiento humano.
Una red de relaciones, expectativas, recuerdos, diferencias y afectos que se vuelve visible durante unas horas.
La cámara puede confirmar la imagen que la industria ya conoce.
O puede permanecer lo suficientemente atenta para descubrir aquello que solo podía suceder ese día, entre esas personas y en ese lugar.
La estructura de una boda puede repetirse.
Preparativos, ceremonia, cóctel, cena y baile.
Pero la experiencia nunca es exactamente la misma.
Quizá la pregunta no sea cómo crear una estética nueva.
Quizá sea cómo evitar que una estética conocida nos impida ver lo que tenemos enfrente.
Porque el problema no es que recibamos influencias.
El problema comienza cuando dejamos de examinarlas.
Cuando la aprobación sustituye la curiosidad.
Cuando fotografiamos para demostrar que pertenecemos y olvidamos que también estamos ahí para dar una opinión sobre el mundo.
¿Estamos documentando bodas diferentes?