Fotografiar es fácil; tener un punto de vista, no

Texto por Alfonso Flores

Sobre el cuerpo, el gusto y la construcción de una mirada propia

Aprender a utilizar una cámara no es especialmente difícil.

Podemos comprender la relación entre ISO, diafragma y velocidad, aprender a enfocar, medir la luz y anticipar un momento.

Con práctica, también podemos producir imágenes técnicamente correctas en situaciones complejas.

Pero nada de eso garantiza que tengamos algo que decir.

La técnica nos permite hacer una fotografía.

El punto de vista decide por qué esa fotografía merece existir.

¿Qué vemos nosotros que otra persona no habría visto de la misma manera?

Fabrizio Simoneen

La estética no es una voz

Un tratamiento de color, una distancia focal o una forma particular de utilizar el flash pueden volver reconocible el trabajo de un fotógrafo.

A eso solemos llamarlo estilo.

Pero una estética reconocible no es necesariamente una voz.

La estética está formada por decisiones visibles, la voz nace de algo más profundo: nuestra relación con los cuerpos, la intimidad, el tiempo y aquello que consideramos digno de ser observado.

Podemos utilizar el mismo lente que otro fotógrafo y buscar una luz semejante, lo que no podemos copiar por completo es la vida que llevó a esa persona a levantar la cámara en ese instante.

Las referencias pueden ampliar nuestro lenguaje, pero no deberían decidir cómo debe verse nuestra respuesta.

Adriana Farias

Fotografiar desde un cuerpo

No observamos el mundo desde un punto neutro, fotografiamos desde un cuerpo.

Nuestra altura, la velocidad con la que caminamos, la distancia que necesitamos para sentirnos cómodos y la manera en que entramos a una habitación modifican lo que ocurre frente a nosotros.

También entra nuestro carácter:

La calma.

La curiosidad.

La timidez.

El humor.

Las personas no reaccionan únicamente ante una cámara, reaccionan ante quien la sostiene.

Por eso existen fotografías que quizá solo una persona podría hacer, no porque sean formalmente originales, sino porque la relación que permitió que aparecieran también era irrepetible.

La cámara no nos separa de la escena.

Nos vuelve parte de ella.

Connie Suarez

La belleza se reconoce

La belleza no siempre se busca, muchas veces se reconoce.

Pero solo podemos reconocer aquello para lo que hemos desarrollado alguna sensibilidad y ahí entra el gusto.

No como una preferencia superficial, sino como una forma de conocimiento construida mediante la experiencia, la memoria y la atención.

El gusto no puede enseñarse como una fórmula técnica, pero puede cultivarse.

Se transforma viviendo, leyendo, escuchando música, mirando otras artes, conversando y atravesando experiencias.

Hay cosas que no comprendemos porque todavía no hemos vivido lo suficiente.

Algo que parece sencillo puede contener una profundidad que solo reconocemos años después.

Quizá por eso no fotografiamos únicamente con los ojos, también fotografiamos con el cuerpo, la memoria y la experiencia.

Asia Pimentel

Instinto y automatismo

Cuando la técnica ha sido interiorizada, dejamos de pensar conscientemente en cada decisión.

El cuerpo responde.

Algo sucede en el estómago o en el pecho.

Una punzada.

Levantamos la cámara.

La técnica se ha convertido en oficio y el oficio en reacción.

El instinto contiene una sensación.

El automatismo produce únicamente un registro.

Pero aquello que llamamos intuición también puede ser un hábito repetido tantas veces que ya no logramos reconocerlo.

Por eso el instinto necesita autoobservación, volver sobre nuestras imágenes.

Preguntarnos qué nos hizo detenernos, por qué elegimos esa distancia y qué decidimos dejar fuera.

No se trata de desconfiar del instinto.

Se trata de mantenerlo despierto.

Andres Mondragon.

Antes, durante y después

La opinión fotográfica ocurre antes y después del disparo.

Antes: cuando leemos la luz, observamos el movimiento y comprendemos el espacio.

Durante: la vida ocurre frente a la cámara.

Ahí debemos reaccionar.

La mente no desaparece, pero deja de explicar y el pensamiento se vuelve cuerpo.

Después: llega otro tipo de atención.

Seleccionamos.

Relacionamos.

Descartamos.

Intentamos comprender si la decisión contenía algo verdadero para nosotros o si simplemente repetimos aquello que ya sabíamos hacer.

Hay un primer momento en el que fotografiamos el mundo.

Y un segundo momento en el que descubrimos qué fue lo que realmente vimos.

Ildefonso Gutierrez

¿Qué nos hace levantar la cámara?

Tal vez una de las formas más directas de reconocer nuestra mirada sea salir a fotografiar sin un encargo.

Sin una lista.

Sin la obligación de entregar.

Salir únicamente por el hecho de fotografiar.

En ese proceso comenzamos a descubrir qué atrae nuestra atención.

Qué nos hace detenernos.

Qué escenas ignoramos.

A qué distancia preferimos permanecer.

Quizá descubrimos que observamos siempre a quienes permanecen en los márgenes, que nos interesan los espacios vacíos, los gestos mínimos, los silencios o las tensiones.

No se trata de convertir esos descubrimientos en una nueva fórmula.

Se trata de observarnos mientras observamos.

La cámara también puede ser una herramienta para conocernos.

Alfonso Flores

Una voz se practica

No creo que exista un momento en el que finalmente encontremos nuestra voz y podamos considerarla terminada.

Una mirada necesita práctica, oficio y estudio, pero también necesita vida.

Se forma fotografiando, mirando, editando, equivocándonos, descansando y volviendo a salir con la cámara.

Una mirada viva necesita conservar cierto grado de incertidumbre, permitir que una imagen nos contradiga.

Aceptar que nuestros intereses pueden cambiar.

La incertidumbre no significa trabajar sin criterio, significa no confundir el criterio con una respuesta definitiva.

Fotografiar es fácil.

Tener un punto de vista, no.

Porque un punto de vista no es una colección de recursos visuales.

Es una forma particular de habitar el mundo y decidir qué merece ser fotografiado.

Siguiente
Siguiente

Una forma de mirar: Fabrizio Simoneen